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Resumenes de ponencias

 

Indice  
1. Marco Conceptual del Seminario Internacional sobre Metodologías Participativas para el Desarrollo Forestal Sostenible
Kees van Dijk
2. La Forestería Comunitaria: ¿Dónde se encuentra la comunidad ahora?
Marilyn Hoskins
3. La participación de la sociedad civil en el manejo de los recursos forestales
Neptalí Monterroso Salvatierra
4. ¿Por qué un proyecto de desarrollo rural en areas forestales?
Luis Eduardo Astorga
5. Dos décadas de desarrollo forestal participativo ¿Qué fue lo partipativo?
Chris van Dam
6. Caminante, no hay camino
D'Arcy Davis-Case
7. Aplicación de las methodologías participativas en el proyecto "apoyo al desarrollo forestal comunal en los Andes del Ecuador"
Miguel E. Andrade
8. Intermediación cultural , tecnología tradicional y análisis de vulnerabilidad
Georg Grünberg, Edgar Palma y Sílvel Elías
9. Una experiencia participativa para el manejo de los recursos naturales- la experiencia del proyecto MARENASS
César Sotomayor
10. Sistemas de planeación, seguimiento y evaluación para la política de BILANCE en Colombia
Gloria Esperanza Vela Mantilla
11. Semillas para el desarrollo forestal: conflictos, consensos y negociación entre actores
Fabricio Aguilar y Dagny Skarwan
12. Pueblos indígenas y recursos naturales
Romeo Tiu
13. Campesinos, campesinas e indígenas protagonistas en la definición de su futuro
Doralice Ortíz Ortíz
14. Primeros acercamientos para fomentar la planeación comunitarioa relacionada con el uso del territorio de los ejidos forestales de Quintana Roo:  experiencias y  reflexiones de campo
Dawn Robinson
15. Metodologías participativas para el desarrollo forestal sostenible
Margarita Oseguera de Ochoa
16. Concesiones forestales y participación comunitaria en la Reserva de la Biósfera Maya, Petén
Juventino Gálvez y Fernando Carrera

  MARCO CONCEPTUAL DEL SEMINARIO INTERNACIONAL SOBRE METODOLOGÍAS PARTICIPATIVAS PARA EL DESARROLLO FORESTAL SOSTENIBLE

Kees van Dijk

En una misión de evaluación de un "Proyecto de Desarrollo Forestal" en la Sierra de los Cuchumatanes de Guatemala, se tenía como tarea verificar el nivel de PARTICIPACION de las mujeres y los hombres campesinos y como ésta se materializaba  en las actividades del proyecto.
Se encontró que la interpretación del concepto de participación por parte del personal de campo, los técnicos medios y el personal profesional y de dirección del proyecto, expresaban puntos de vista diferentes, acordes con sus intereses, y a menudo se sustentaban en las mismas metodologías; sin duda, cada quién tenía la razón pero expresaban verdades diferentes, de acuerdo a su comprensión y deseo de apoyo al desarrollo socioeconómico de la zona de ejecución del proyecto.

En 1995, se realizó en Quito, Ecuador, un seminario Latinoamericano sobre "El desafío del Desarrollo Forestal Participativo - hacia una nueva forestería" organizado por el Proyecto Regional FAO - Holanda Desarrollo Forestal Participativo en los Andes. En aquel evento se obtuvieron conclusiones y recomendaciones interesantes, pero surge ahora interrogante, ¿será que verdaderamente se ha avanzado en la aplicación de métodos participativos en los últimos 5 años?

Tras varias discusiones alrededor del desarrollo forestal y la participación campesina; y tratando de analizar los problemas que surgen en el mundo de los proyectos de desarrollo y forestería comunitaria, surgió la idea de este Seminario - taller, esperando que con el aporte de todos se  llegue a una lectura actualizada, objetiva y consecuente de la realidad de los proyectos y la participación; principalmente porque están presentes varios participantes de Ecuador, quienes estarán de acuerdo en cuestionar el tránsito de la forestería comunitaria en las últimas dos décadas, buscando construir nuevos escenarios, desde una visión más humanizada hacia las realidades de las poblaciones rurales en condición de pobreza.

Los últimos años han marcado cambios en las realidades del ámbito social, político y económico de los países. En América Latina la mayoría de gobiernos hacen esfuerzos para reforzar la participación de la sociedad civil y fortalecer el papel de las autoridades locales, para asegurar la democratización de las sociedades, la descentralización de la administración y la creación de nuevas formas de gobernabilidad, justas y coherentes con las aspiraciones de la sociedad civil.

También se han producido cambios importantes en los conceptos relacionados con el desarrollo rural, incluyendo el "desarrollo forestal"; se ha pasado de la concepción simple que consideraba a los campesinos y pequeños agricultores en general, como personas carentes de conocimientos para protagonizar y moldear su propio desarrollo, miembros de grupos a los que era necesario organizar, donde las mujeres permanecían en una posición invisible, hasta la concepción actual, aún en construcción, basada en experiencias concretas donde los hombres y las  mujeres rurales tienen su propio bagaje y habilidad para  crear nuevos conocimientos y enfrentar sus problemas en forma consensuada, utilizando adecuadamente los recursos locales. El papel de los agentes externos está cambiando desde el de un "extensionista" enlace o transmisor de ciencia y tecnología, hacia un "facilitador" de procesos, que  respeta la estructura social y la cultura de las comunidades y contribuye con sus conocimientos a iniciar procesos sostenibles.

En muchos ambientes institucionales cada día toma mas fuerza la idea que el desarrollo rural se basa en la autogestión comunitaria. La experiencia muestra que este es producto de la participación real en la toma de decisiones, en la igualdad de acceso a las oportunidades para el uso de los recursos y en la distribución de beneficios para los hombres y las mujeres rurales.

Aunque existe un reconocimiento generalizado de que se han logrado cambios significativos, también se considera que no se ha logrado lo propuesto hace 20 años. Para nadie es secreto que paso a paso se va configurando cada vez con más claridad, una gran variedad de conceptos, métodos, materiales y experiencias acumuladas, los cuales, sin embargo, no han tenido la sistematización, difusión, aceptación y validación adecuadas que permitan multiplicar los éxitos y disminuir los fracasos, para construir los caminos más convenientes hacia el desarrollo.

Los programas de desarrollo rural y forestal requieren de enfoques participativos y de la intervención de facilitadores externos, puesto que en el manejo comunal de recursos existen muchos grupos locales con intereses diferentes. El facilitador fortalece o acompaña el sistema de manejo comunal. Proveer apoyo en este sentido significa ayudar, influir e intervenir en el manejo o conducción de los procesos locales. Facilitar significa no solo proveer lo solicitado sino, además, lo no solicitado que satisfaga las necesidades estratégicas de los grupos participantes.

Son pocos los programas de desarrollo que verdaderamente facilitan y fortalecen el manejo comunal utilizando enfoques participativos como los mencionados. La mayoría ofrece sólo oportunidades simbólicas de participación y retienen el poder de toma de decisiones. Sin embargo, vale la pena observar que en los últimos veinte años ha habido un cambio lento pero definitivo en los programas de desarrollo desde `intervenciones de arriba hacia abajo' hacia el tipo `intervenciones participativas'.

Son señales alentadoras que muestran la creciente aceptación de las metodologías participativas. Sin embargo, la pregunta central de este seminario es ¿"porque las metodologías participativas no han dado los resultados esperados"? y ¿Hasta que grado estas metodologías y herramientas contribuyen realmente a una reflexión y análisis al nivel local y al nivel de proyecto/institución?
Existe, por tanto, la necesidad de revisar objetiva y cuidadosamente cuanto se ha avanzado en el desarrollo y aplicación de las metodologías participativas y analizar críticamente cuales han sido los factores que han intervenido en lo considerado éxito o fracaso.

El objetivo general del Seminario es intercambiar experiencias metodológicas y prácticas de facilitamiento orientadas al desarrollo forestal en comunidades rurales, que promuevan el mejoramiento de las condiciones de vida, la conservación de la base de recursos y sirvan de guía para la formulación de políticas, planes de desarrollo y proyectos en los países latinoamericanos.

Para el Comité Organizador este evento solo constituye el inicio de un proceso de por lo menos dos años, en el que esperamos encontrar diversos espacios y momentos para desarrollar una visión colectiva que materialice y exprese metodologías participativas, que en la práctica de vida cotidiana de las familias rurales, contribuya a que puedan en función de sus necesidades y posibilidades alcanzar un mejor nivel de vida, manejando conscientemente y con equidad los recursos naturales.

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  LA FORESTERIA COMUNITARIA:
¿DÓNDE SE ENCUENTRA LA COMUNIDAD AHORA?

Marilyn Hoskins

El documento presenta el argumento que la forestería comunitaria, como campo de acción, es más un invento de los forestales y especialistas del desarrollo, antes que una invención comunitaria. Muestra una de las contradicciones del desarrollo: en muchos casos donde la co-administración está mostrando que puede funcionar, los forestales ya no quieren soltar el poder.

La ponencia argumente que hay que entender y gozar la satisfacción de soltar el poder.

La forestería comunitaria, como campo de trabajo se inició hace más de 20 años, entre 1977 y 1978, cuando los gobiernos comenzaron a identificar formas para reorientar la forestería para que contribuyera más al desarrollo rural. Para entender las razones de este movimiento, es necesario revisar el desarrollo de la actividad forestal: en la Europa precolonial esta fue una actividad de los nobles; durante el período colonial, forestales educados en la tradición europea trabajaban para manejar árboles y animales para beneficio de los reyes y señores; aún durante la época de independencia de los poderes coloniales, muchos gobiernos mantuvieron la tradición de las políticas europeas.

La ponencia argumenta que durante esta época las comunidades mostraron diferente comportamiento frente a los bosques, según su medio: en lugares donde no existían bosques húmedos tropicales de importancia económica, o de interés nacional, generalmente la gente rural no tuvo contacto con los forestales. En áreas con abundancia de bosques y donde la población o la situación económica no ejercía grandes presiones sobre los mismos, muchos grupos humanos vivían en una especie de simbiosis con la naturaleza.

Cuando los árboles y productos forestales se hicieron escasos, muchos grupos desarrollaron sus propias reglas u organizaciones para proteger el recurso. Las comunidades forestales desarrollaron mecanismos para decidir quién podía cortar los árboles, o cosechar sus frutos, y en muchos casos, cuando y cómo cosecharlos. Las reglas generalmente reflejaban el sistema gobernante: a mayor democracia, mayor equidad en la distribución. Entre mayor organización mejores sistemas de manejo.

¿Qué hacían los gobiernos entre tanto? Cuando y donde los bosques se identificaron como de importancia estratégica nacional, restringieron su uso sin tomar en cuenta a la población que vivía en y de ellos. Es claro que cuando los bosques fueron de importancia para la economía nacional (producción de bienes, turismo, conservación) el gobierno se reservó el derecho a decidir sobre ellos, sin que las comunidades locales participaran en los beneficios del manejo y menos aún en la toma de decisiones. Los forestales se convirtieron en los gobernantes de dichos recursos.
Ante este panorama, ¿qué hizo a los gobiernos y forestales interesarse en "inventar" la forestería comunitaria, a finales de los 70? En la mayoría de los países de las regiones semiáridas se reconoció la imposibilidad de los servicios forestales estatales de manejar los bosques, por limitaciones de personal y presupuesto. Estos servicios se sintieron impotentes, especialmente cuando concluyeron que las poblaciones locales "no entienden que no deben destruir los árboles". Existían, para esas fechas, diversas percepciones por parte de diferentes estratos sociales, uno de ellos era que "el medio ambiente está siendo destruido por los más pobres", de tal manera que era necesario capacitar a las comunidades para que apreciaran mejor la naturaleza. Otros, sin embargo, indicaban que "las comunidades locales conocían bien su ambiente, pero no tenían otra opción que agotar al mismo".

Durante los 70s se produjo la crisis del petróleo y muchos pensaron que quienes usaban leña estaban terminando con los bosques. ¿Cuál fue la solución? Se pensó que posiblemente las comunidades harían menor presión sobre los recursos si disponían de estufas mejoradas, o de empleos en las industrias forestales. También se pensó que posiblemente los servicios forestales podrían iniciar la plantación de más árboles en bosques comunales o su propia tierra, para desarrollar fuentes alternativas de madera para "mejorar las condiciones de vida de los pobres rurales". Sin embargo, las comunidades tenían otras necesidades: tierras para cultivos, áreas en descanso donde cazaban pequeños animales o recolectaban frutos y leña. Aunque la leña era un problema, no justificaba dedicar tierras al cultivo de árboles, sin solucionar otros problemas previamente. En este sentido, los proyectos para "ayudar a los pobres" se convertían en limitantes para el mejoramiento de sus vidas.

A partir de 1978 muchas ONGS e instituciones internacionales comenzaron a reorientar su centro de interés; el Banco Mundial reconoció que sus proyectos forestales no funcionaban, y se dio cuenta que las personas a quienes se quería ayudar estaban en contra de este tipo de "ayuda". 1978 también fue el año del Congreso Forestal Mundial de Yakarta, Indonesia, en el que por primera vez se introdujeron aspectos sociales tales como la participación de mujeres y forestería en las discusiones. También se concluyó que la forestería era sobre personas antes que sobre los árboles, y que tenía que ver con árboles sólo si estos servían para satisfacer las necesidades de la gente.

En la misma época el Programa de Desarrollo Comunitario de la FAO incluyó los siguientes elementos:

   La forestería comunitaria debía estar relacionada con la equidad, buscando disminuir la brecha entre ricos y pobres y facilitar la inclusión de los excluidos, incluyendo a las mujeres.

   Se buscó visibilizar las comunidades rurales tanto ante los científicos y técnicos como ante los gobiernos. Aunque parezca extraño, muchos forestales y oficiales gubernamentales tenían poco conocimiento sobre lo que las comunidades rurales hacían con los árboles: no se valoraba el papel de los árboles en la agricultura y se creía que los árboles sólo producían madera. Se trabajó en entender los diversos usos, siempre complementarios, que se daba a los árboles y productos forestales por parte de hombres y mujeres.

   Se daba mayor importancia a participación y aprendizaje mutuo. La participación se concebía como la asociación entre los especialistas con control sobre muchos de los recursos forestales y las comunidades locales con su acervo de conocimiento local. Sin embargo los mismos conceptos fueron y son utilizados con diferente significado por diferentes profesionales.

   Se trabajó con instituciones de capacitación y educación para cambiar el curriculum e incluir más información sobre las interacciones bosque-comunidad; con servicios de extensión para ampliar el conocimiento mutuo y entender los diferentes aspectos forestales; con instituciones de investigación, especialmente las relacionadas con agroforestería, para animar a los investigadores a aprender de los agricultores creativos.

Una de las lecciones aprendidas refiere la complejidad, a pesar que se haya diseñado y monitoreado cuidadosamente, los proyectos forestales tienden a  hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Para que las actividades forestales beneficien a los pobres, es necesario que ellos tengan acceso a una cantidad suficiente de tierra, donde no sólo se tenga derecho a plantar árboles, sino también dominio sobre los productos. Esto significa que el éxito depende no solo de la participación, sino también de las condiciones de mercado y tenencia de tierra.

¿Dónde se encuentran las comunidades actualmente? Hay una gran cantidad de personas interesadas en la forestería comunitaria; se dispone de nuevas metodologías participativas, herramientas y estrategias para apoyar a las comunidades; se dispone de casos exitosos documentados. Pero también se tienen ejemplos de proyectos arrogantes que ignoran lo que otros, incluyendo las gentes locales, han desarrollado.

Trabajamos mucho en las metodologías participativas, las herramientas y los enfoques para ayudar a los forestales en entender el enorme cambio de papel y actitud hacia la comunidad si querían avanzar en la forestería comunitaria.

Pero lo que también notamos y experimentamos es que es difícil soltar. Es una sensación especial saber que le necesitan. Es muy grato sentir que hablamos en nombre de una comunidad o incluso de un recurso;  tanto así que es difícil reconocer que lo que realmente es importante, es transferir el poder completamente a las comunidades.

Se considera que los siguientes aspectos son importantes para el futuro de la forestería comunitaria:

   Ser más realistas en el establecimiento de objetivos, teniendo en mente que la forestería comunitaria es multidimensional, multisectorial con muchos grupos interesados;

   Tomar el tiempo necesario para trabajar con las comunidades para diseñar objetivos locales, pero utilizar también herramientas adecuadas para medir el cambio;

   Ser más abierto para aprender de otras experiencias;

   Ser más sistemático en informar tanto de los éxitos como de los fracasos en nuestro trabajo y compartirlo con otros; y,

   Fomentar el gozo de soltar y practicarlo nosotros mismos.

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  LA PARTICIPACIÓN DE LA SOCIEDAD CIVIL EN EL MANEJO DE LOS RECURSOS FORESTALES

Neptalí Monterroso Salvatierra

Los últimos 50 años de historia Latinoamericana muestran tanto el triunfo de la revolución cubana, como la ofensiva norteamericana para detener "el fantasma del comunismo", iniciado con el programa "Alianza para el Progreso" y fortalecida con los "proyectos de desarrollo" financiados por diferentes agencias de desarrollo en los decenios más recientes.

Muchos vieron en las propuestas norteamericanas una forma de mejorar su situación personal y vivir a expensas de las necesidades de las mayorías. Otros creyeron firmemente que eran una posibilidad real para que las mayorías aumentaran su bienestar; su buena fe los convirtió en corifeos de la reforma agraria integral a través de la cual se buscaba todo, menos cambiar la estructura de propiedad de la tierra, y del cooperativismo blanco que sólo se incentivó y desarrolló en el ámbito de la distribución y del consumo. Su confianza en los organismos internacionales no les permitió ver que los mismos, si bien servirían para detener el avance del comunismo, también frenarían el desarrollo del capitalismo en el campo latinoamericano.

Actualmente muchos han abrazado las propuestas que se hacen desde los organismos internacionales respecto a la necesidad de que la sociedad participe en la dirección, coordinación y ejecución de los programas y acciones que le permitan acceder al desarrollo; a la necesidad de reformar y modernizar los estados-nación para alcanzar los niveles y formas de gobernabilidad democrática que hagan posible esa mayor participación de la sociedad. Personalmente, no confiamos en esas propuestas pero nos damos cuenta que son muy llamativas y deslumbrantes.

Con esta ponencia se busca contribuir a la construcción del debate que actualmente se sigue en  nuestros países y que se resume en la siguiente interrogante: ¿Cómo alcanzar el desarrollo en esta era de globalización y modernización económicas?. En términos específicos se propone plantear, de manera preliminar: a) Que todo lo que se hace actualmente en materia de reforma del Estado, gobernabilidad y democracia, está conduciendo a un redimensionamiento acotado e inducido de la vida pública; b) Que sólo una parte de la sociedad civil está encontrando formas de participación en las acciones y estructuras públicas; c) Que en la búsqueda del desarrollo forestal sostenible, igual que en otros programas de desarrollo, se reproducen los conflictos ideológicos de orientación y conducción entre los que efectivamente están pensando en el bienestar de las mayorías y en la conservación de los recursos, y los que ven en estos programas acciones que permiten, prioritariamente, asegurar el predominio del mercado y del modelo neoliberal que lo sustenta.

Para cumplir el propósito, se presentará en primer lugar, las ideas que permiten explicar el contexto global actual. En segundo lugar, se hace referencia a los procesos de reforma que han seguido los estados latinoamericanos para responder y adecuarse a ese contexto global actual. En tercer lugar, se dedicará un pequeño espacio para exponer los conceptos, de gobernabilidad y democracia. Con fundamento en esos tres puntos, se hablará de los tipos de organizaciones civiles que están presentes y aprovechan los espacios que se generan; finalmente, respetando la naturaleza y el tema de este seminario, se enfatizará en los aspectos de medio ambiente y recursos forestales con relación al vínculo de tales aspectos con la participación de la sociedad civil.

Francis Fukuyama indica que sólo las sociedades que dispongan de un importante capital social serán capaces de adoptar nuevas formas organizativas frente a aquellas en las que ese capital sea reducido.

El capital social se refiere a una sociedad civil fuerte y dinámica, solidaria y con un gran número de organizaciones. Concebido así, el capital social en América Latina viene a estar constituido por las formas organizativas que han permitido crear los propios antecedentes culturales y por los cuales se es capaz de luchar para obtener una mejor y mayor calidad de vida; está constituido por la capacidad para generar movimientos políticos y sociales a partir de los cuales plantear las demandas y luchar por el control cultural del propio desarrollo; está constituido por la posibilidad de generar organizaciones civiles culturistas e ideologistas independientes, a través de las cuales se puede sumar a los esfuerzos por alcanzar el desarrollo sostenible y jugar un papel protagónico en favor de los pobres.

Sin embargo, según Fukuyama, el capital social que necesita el capitalismo para garantizar su vitalidad y la de sus instituciones está constituido por una sociedad civil que no existe en América Latina.

La actividad económica está unida a una gran variedad de normas, pautas, obligaciones morales y otros hábitos que, en su conjunto, dan forma a la sociedad y dan a los miembros de la comunidad las razones necesarias para la confianza mutua. Todas las sociedades que han prosperado económicamente están unidas por la confianza. Este ha sido el caso de Estados Unidos, Japón y Alemania; son sociedades que han logrado avanzar en el capitalismo y han demostrado que tienen una vida comunitaria y solidaria ejemplar, que tienen un alto grado de confianza, aunque a nuestros ojos siempre se presenten como las abanderadas del individualismo.

Según Fukuyama, la posibilidad de que las sociedades latinoamericanas puedan alcanzar objetivos comunes, está sujeta y determinada por sus avances en el capitalismo. Por eso, si se quiere progresar y desarrollar, lo que se debe hacer es seguir el ejemplo de las sociedades civiles de esos países; conformar asociaciones terceristas y culturalistas como las que ellos tienen y en las que las acciones filantrópicas empresariales ocupan un primer lugar. ¿No significa eso también el predominio y la dirección del mercado en aspectos que no le competen? ¿No imposibilita eso el desarrollo sostenible?

Una vez mas se enfrentan propuestas que responden al mismo nombre pero cuyas finalidades son substancialmente distintas. Hoy como ayer, resulta difícil descubrir lo negativo de los discursos de los funcionarios internacionales y sus corifeos nacionales. Más difícil resulta descubrir las fisuras por medio de las cuales resulta posible aprovechar "desde abajo" los recursos que se ponen en juego "desde arriba". Casi imposible nos está resultando alcanzar el control cultural del propio desarrollo. En esta lucha se debe tener claro que las sociedades son  grupos muy heterogéneos en los que hay de todo; son espacios sociales en los que se llevan a cabo las luchas por el control cultural del desarrollo; son, para decirlo en sentido no figurado, arenas o campos de batalla.

No hay duda de que en todos nuestros países la vida pública se ha redimensionado en estos últimos veinte años, pero tampoco hay duda de lo restringido de ese redimensionamiento. A pesar y en contra de ello, es evidente que muchos compañeros luchan, desde organizaciones civiles, por encontrar las fisuras que permitan avanzar en los niveles de democracia y gobernabilidad que se necesitan para lograr un desarrollo sostenible. Esa búsqueda está llena de conflictos políticos e ideológicos. ¡Vale la pena luchar y trabajar para que nuestros hermanos, amigos, paisanos y nosotros mismos, tengamos posibilidades de vivir en un mundo económica, ecológica y socialmente sano! ¡Vale la pena vivir para heredarles a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un mundo humanamente habitable!   

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  ¿POR QUÉ UN PROYECTO DE DESARROLLO RURAL EN AREAS FORESTALES?

Luis Eduardo Astorga

La palabra "participación" ha acompañado al ser humano desde su origen. Miles de esclavos participaron en la construcción de las pirámides de Egipto y millones de soldados han participado en las guerras de la humanidad. Los gobernantes actuales esperan que sus electores participen. Nosotros le hemos redescubierto pensando que "la participación" es la clave para que los proyectos forestales tengan éxito. Primero, en los 70 y mitad de los 80 intentando darle un contenido teórico y práctico, luego en el resto de los 80 y 90 definiendo y poniendo en práctica "metodologías participativas". Sin embargo, la mayor parte de las veces "participación" ha sido sinónimo de "manipulación" al no ir acompañada de un cambio en las relaciones de poder de decisión entre los diversos actores de un proyecto.

El trabajo del autor en la actividad forestal y proyectos de desarrollo rural en áreas forestales, en lo que se puede llamar proyectos de "forestería comunitaria", le permiten afirmar que se está al comienzo de un largo camino. Sin embargo, siempre surge la pregunta si los proyectos de "desarrollo forestal sustentable"  son necesarios, si generan "desarrollo" y, si lo hacen, "que tipo de desarrollo", en que consiste efectivamente dicha sustentabilidad.

Uno de los primeros y principales problemas que se plantean los técnicos que inician la implementación de programas de desarrollo, es la contradicción implícita presente en la mayoría de los proyectos de cooperación internacional, autocalificados de "participativos" o utilizadores de "metodologías participativas", cuando en su identificación, formulación, evaluación, financiamiento y decisión de ser implementado no se han involucrado los grupos campesinos o indígenas a quienes pretende favorecer. Las decisiones importantes fueron propuestas por consultores, tomadas por los gobiernos locales o de las agencias financieras y "facilitadas" por los "técnicos del Proyecto". Las comunidades rurales ni siquiera participan en el momento de determinar quienes serán incluidos en el programa y quienes no.

La realidad rural latinoamericana presenta constantemente dos elementos simultáneos: la pobreza rural y la destrucción de los recursos naturales renovables (bosques, suelos, aguas, flora y fauna), que muchos analistas y observadores desprevenidos correlacionan estrechamente, culpando a los campesinos de la destrucción de aquellos, porque, con mayor frecuencia de la deseable, se encuentran asociadas en el mismo paisaje rural. La destrucción de los recursos naturales renovables está directamente relacionada con la ampliación de la frontera agrícola, la inseguridad en la tenencia de la tierra y sistemas insostenibles de uso de la tierra, problemas estructurales la mayoría de las veces causados o promovidos directa o indirectamente por los propios gobiernos.

En Latinoamérica hay ejemplos de grandes destrucciones de los recursos naturales, en especial bosques, originados por políticas agropecuarias inmediatistas, como la quema de bosques en Centroamérica para "habilitar" terrenos para la ganadería, con incentivos y créditos especiales apoyados por el Banco Mundial, o los gobiernos locales. El Petén, es un ejemplo claro de este proceso.
Para la población campesina e indígena, la tierra y los recursos asociados son la base de la vida y seguridad; de ella extrae sus productos y, en muchos casos, los transforma para satisfacer sus necesidades. Pero, campesinos e indígenas, especialmente los más pobres, ven limitadas sus capacidades de decisión respecto al uso de sus recursos naturales. El cambio en el sistema productivo campesino implica, como primer paso, que estos grupos humanos tengan efectivamente, y lo ejerzan, el poder y capacidad de decisión sobre el  manejo de sus recursos naturales y los otros elementos de su sistema productivo.

En las áreas con incidencia de pobreza rural y degradación de los recursos naturales, los proyectos de desarrollo rural pueden actuar como facilitadores del cambio e impulsar un proceso de desarrollo. Esto es lo que justifica y es "el porqué" de un proyecto de desarrollo rural en área forestales. No se trata de plantar árboles ni manejar bosques, sino de facilitar el cambio en el sistema productivo, apoyando la acumulación de poder, es decir, la capacidad de decisión de hombres y mujeres sobre los elementos del sistema productivo. Sólo a partir de ese momento la comunidad podrá tomar la decisión del cambio.

Para que esto ocurra es necesario que se produzcan ajustes simultáneos en los elementos que componen el sistema productivo campesino:

   Recursos Naturales: suelos, bosques, agua, flora, fauna. La propiedad y el derecho de uso de los recursos naturales deben no sólo estar reconocidos por las comunidades, sino legalmente constituidos, de manera que exista seguridad para el uso de ellos.

   Capacidad de transformación: aptitud de campesinos, campesinas e indígenas de transformar los recursos naturales en productos y servicios para el autoconsumo o el mercado.

   Apropiación de los mercados y de los márgenes de comercialización: buscar nuevas alternativas,  mejorar la calidad de los productos, buscar fuera de las áreas tradicionales de comercialización, cambiar los productos, o todas simultáneamente.

   Sistemas locales de financiamiento: creación de fondos semilla, fondos revolventes, bancos comunales y otros sistemas apropiados a la realidad rural.

   Entorno social e institucional: un cambio en el sistema productivo campesino e indígena necesita un refuerzo de las organizaciones comunitarias existentes, un ajuste del tejido social que haga frente a los numerosos conflictos que se presentan en un proceso de cambios y desarrollo. Estos procesos implican transferencias de poder, nuevos líderes, cambios en el balance interno y por ello requieren un tejido social fuerte para resolver estos conflictos.

Para lograr estos ajustes se requiere por un lado, el apoyo de los gobiernos, el soporte de los proyectos, pero por encima de todo, la participación firme y decidida de las comunidades y participantes en el desarrollo. Pero esta participación debe ser real y no la manipulación para mantener el status quo. Si lo que se busca es el fortalecimiento de la capacidad de gestión de las comunidades y el fortalecimiento de sus instituciones para mejorar sus condiciones de vida y satisfacer sus necesidades, la participación y la utilización de metodologías participativas constituyen una condición básica para el éxito de los proyectos; si sólo se busca llenar metas cuantitativas y perpetuar una mascarada sobre "el desarrollo sostenible" para que las comunidades rurales no "escandalicen" y continúe ampliándose la brecha entre ricos y pobres, permitiendo a su vez que instituciones, organizaciones y funcionarios nacionales e internacionales continúen medrando y lucrando con el desarrollo, la participación debe limitarse a la presencia expectante e indiferente de los más pobres.

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  DOS DECADAS DE DESARROLLO FORESTAL PARTICIPATIVO...
¿QUÉ FUE LO PARTICIPATIVO?

Chris van Dam

En las dos últimas décadas del siglo XX, participación fue un término definitorio en toda la temática del desarrollo rural: Procesos participativos, investigación participativa, seguimiento y evaluación participativa. Pero con el uso y abuso del vocablo, el concepto se fue vaciando, perdiendo fuerza e identidad. Más no por ello, lo que denotaba en un origen perdió importancia. Es mas, difusamente lo participativo hace referencia a muchos otros conceptos que nos hablan de una forma alternativa de vida y de relación entre los seres humanos y entre las sociedades y la naturaleza, equidad, sostenibilidad, gobernabilidad, democratización, autogestión. Pareciera que el invocar las metodologías participativas, fuese la puerta de entrada para lograr ese ansiado "desarrollo" que queremos para las comunidades campesinas y los pueblos indígenas. O mejor aún, para que ellos mismos lo logren.

Durante 20 años, y con una insistencia poco común, los forestales y quienes desde las ciencias sociales han "abrazado la causa forestal", han hecho un gran esfuerzo desde los proyectos para encontrar formas alternativas de relación con las comunidades y construir propuestas conjuntas de reforestación o de manejo y aprovechamiento de los bosques nativos que realmente dieran respuesta a sus necesidades productivas, energéticas, sociales y económicas. Sin embargo, los resultados obtenidos no son todo lo alentadores que se esperaría.

Hay algunas preguntas que se pueden hacer: ¿Qué ha cambiado en 20 años? ¿Se ha revertido o por lo menos ha disminuido la tasa de deforestación? ¿Qué porcentaje de los bosques en poder de las comunidades están hoy siendo manejados en forma sustentable? ¿En que medida la pobreza rural ha disminuido, en que medida las comunidades campesinas e indígenas involucradas en los proyectos tienen ahora mejores condiciones de vida? Las respuestas variarán mucho de país a país y de región a región, pero en términos generales los resultados son mas bien frustrantes, por lo menos al sur del canal de Panamá.

Se puede argumentar que lo magro de los logros se debe a factores externos, del contexto, a la fragilidad de las instituciones, a lo inadecuado de la legislación, a la carencia de una tradición democrática en la sociedad, a las debilidades en la formación de los profesionales, etc. Y no falta razón. Pero el problema no son las metodologías participativas, sino el haber focalizado la atención en ellas, como si resolviendo esta cuestión instrumental se resolviese el rompecabezas. El problema está en el contexto, tanto en las condicionantes políticas y económicas que determinan la problemática ambiental y la situación de pobreza de las comunidades, como la particular construcción institucional desde se quiere promover una relación diferente, horizontal, dialógica, participativa, el llamado "modelo proyecto".

Aparte de las preocupaciones cotidianas en implementar procesos genuinamente participativos en las comunidades, mirando el contexto, tanto el internacional como el nacional, se ve que las relaciones entre los países (los del norte y los del sur) y entre los que más tienen y los que menos tienen, están signados por la desigualdad y el autoritarismo.

Mientras se habla del derecho a la tierra, el Banco Mundial logra imponer a los países, políticas de tierra basadas en la reversión de los procesos de reforma agraria y la creación de mercados de tierra que terminan con la expulsión de cientos de miles de campesinos y un fenómeno de concentración de la propiedad que América Latina nunca había conocido.

Un análisis similar de los contextos nacionales hoy en día en América Latina muestra que bajo un manto de creciente democracia y seguridad jurídica, las políticas neoliberales de estas dos últimas décadas achicaron el papel del estado, contribuyendo a acrecentar la brecha entre los ricos y los pobres, cada vez más numerosos y excluidos. Mientras se habla de construcción de capacidades locales, ciudadanía, cultural del dialogo, etc., la vida cotidiana de la gente es cada vez más difícil, desesperanzadora, tanto en las áreas urbano-marginales como en las áreas rurales.

Mientras los países ricos y los organismos financieros van imponiendo con hechos sus reglas de juego en materia económica y ambiental, también van produciendo un discurso que conforma a intelectuales, ONGs y a la opinión publica en general, y que incorpora todo el léxico "políticamente correcto", participación, gobernabilidad, equidad étnica y de género, sostenibilidad, que le dan un rostro de humanidad a procesos de expoliación ecológica y de exclusión social.

En este contexto, ¿cuales son las esperanzas de lograr un desarrollo sostenible? ¿Que posibilidades tienen los proyectos de crear con las metodologías participativas y todo lo que ello implica, pequeñas islas de desarrollo local y que estas se sostengan en el tiempo?

Tal vez, al mirar solo a las metodologías participativas y no al contexto general, se está de alguna forma jugando el juego, nos hacemos funcionales a otros intereses, en esta especie de estrategia de distracción de los grandes intereses económicos internacionales.

Tal vez deberíamos preguntarnos:

¿qué función pueden cumplir los proyectos de desarrollo en este escenario? ¿qué valor político tiene, por lo menos en el nivel local, que podamos generar procesos/ espacios participativos? ¿Qué impacto pueden tener las metodologías participativas? Y, finalmente, ¿cual es la posibilidad que desde los espacios de trabajo (proyectos de cooperación técnica internacional, ONGs, redes, movimientos campesinos e indígenas, etc.) se puedan modificar las reglas de juego?

Las metodologías participativas que hoy nos ocupan  ocurren dentro de un determinado contexto institucional. El acercamiento a las comunidades campesinas e indígenas se da a partir de la  intervención de un actor externo, que se vincula con las comunidades a través de un proceso que se denomina proyecto. El modelo proyecto, que incluye procedimientos marcados de diseño y planificación, tiempos de ejecución, formas de gestión, normas de seguimiento y evaluación, con el paso de los años se ha ido estandarizando en un modelo política y culturalmente construido.
Mas allá de la voluntad política de quienes diseñan y ejecutan los proyectos de promover o no la participación de los grupos-meta, el modelo proyecto, como construcción social y política es inhibitorio de una participación plena o mayor, ya que, en primer lugar, responde a una forma peculiar de mirar la realidad, de producir conocimiento científico, poco entendible desde otra cultura. En segundo lugar, por la concepción "proyecto-céntrica" de los proyectos, donde la realidad existe en tanto está relacionada al proyecto, con poca flexibilidad para readecuar los objetivos en función de los cambios de la realidad o los cambios en la percepción de la realidad (un proyecto forestal no puede -así nomás- transformarse en un proyecto de agua potable, así cunda el cólera en la comunidad); en tercer lugar por los tiempos y ritmos que se autoimponen e imponen a las comunidades los proyectos; Y finalmente, por la estrategia de inclusión-exclusión de la población-meta: son parte del proyecto para los fines de la participación (es decir en los espacios de participación creados), pero para todo lo demás son contraparte o simples beneficiarios.

Este rápido análisis no puede ser tomado taxativamente para todos los proyectos. Pero en pocas palabras refuerza la idea de cuan limitados son los espacios de participación creados por los proyectos. La pregunta es: ¿cuál es la finalidad ultima de la participación, de las metodologías participativas? ¿En que medida pueden contribuir a modificar las relaciones de poder que los proyectos forestales establecen con las comunidades? ¿En que sentido se puede hablar aquí de empoderamiento, democracia y gobernabilidad?

¿Qué hacer?

La crítica a la posibilidad de generar espacios de verdadera participación desde los proyectos no debe ser interpretada como una posición fatalista o una postura paralizante. Es cierto que los proyectos de desarrollo (no sólo los forestales) han tenido por lo general resultados pobres, como señalan sus detractores, pero también hay proyectos, con nombre y apellido, que en distintas latitudes han mostrado que es posible tener impacto. Suelen ser el resultado de individuos audaces e imaginativos, que logran modificar las reglas de juego o transgredirlas, no de las estructuras e instituciones de desarrollo que los contienen. Desde esta visión, existen algunas pautas que contribuirán a fortalecer el impacto de los proyectos:

   Abandono de la obsesión por la participación

   Transparentar nuestro discurso y nuestra relación con las comunidades

   Focalizar nuestros esfuerzos en la propuesta técnica

   Contribuir a la formulación de políticas

   Revisar los aspectos tenencia de la tierra y manejo de recursos naturales

   Fortalecer las Organizaciones Campesinas e Indígenas

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  CAMINANTE, NO HAY CAMINO

D´Arcy Davis-Case

Dentro de la amplia construcción teórica sobre lo que se conoce comúnmente como "Desarrollo Popular" en la asistencia internacional para el desarrollo, ha habido una evolución interna en las metodologías participativas. En este documento se examinan estos cambios desde el punto de vista de una practicante de las mismas. La evolución abarca tres etapas amplias. La primera se conoció como de "control por parte de los expertos" ("los forasteros o externos") y generalmente buscaba dar respuesta a las preguntas de los expertos. La segunda etapa se centró en la gente local ("de dentro o internos"), esperando que ellos tuvieran todas las preguntas correctas y las respuestas igualmente correctas. La tercera era involucra tanto a los comunitarios como a los expertos en el análisis y toma de decisiones. Las herramientas básicas eran iguales en las tres épocas, pero con objetivos, aplicaciones y resultados muy diferentes. Optimistamente, el futuro promete un despertar de integridad y sinceridad en las prácticas de desarrollo, que en la opinión de la autora es precursora de la cuarta era. En esta se debe reconocer que nadie sabe con certeza nada y por eso hace falta mucha precaución. Durante esta era, los conceptos de manejo forestal adaptativo pueden mezclarse con las metodologías.

Se puede decir con certeza que se trabajando en un modelo de Desarrollo Popular, aunque todavía hay algunos que abrazan el neoliberalismo y aún el Keynesianismo. Hay crecimiento y evolución dentro del modelo de Desarrollo Popular cuando la práctica retroalimenta y clarifica el modelo.

Una de las preguntas que aún le preocupa a la autora es ¿Cómo adquirimos nuestro conocimiento? ¿Qué tan legítimo es ese conocimiento? Su experiencia personal le dice que la participación muchas veces funciona. Y frecuentemente funciona por la manera en que se usan las herramientas. Pero también está ansiosa por conseguir rigurosidad y confiabilidad en su trabajo y lo cual es difícil conseguir sin sacrificar la flexibilidad.

Hay muchos signos prometedores que el Desarrollo Popular está llegando a la madurez. La Red de Planificación y Acción Participativa está clasificando y documentando experiencias de todo el mundo y comenzando pensar en establecer códigos de "buena práctica" para los expertos. Muchos de los expertos nacionales vienen con sus propias maneras de hacer herramientas y podemos aprender mucho de esto. Quizá eso sea un signo de que empezamos a "legitimar" las herramientas participativas y pedir que sean más rigurosas, válidas y fuertes.

Tal vez las herramientas de comunicación del Desarrollo Popular van en la dirección de "una nueva manera de pensar". Puede ser que la única opción para la supervivencia mundial sea un cambio en la esfera del espíritu, en la esfera de la conciencia humana. Quizá no es suficiente inventar nuevas máquinas, nuevas regulaciones y nuevas instituciones. Tal vez se debe, eventualmente desarrollar una nueva compresión sobre el verdadero fin de la existencia en la tierra.

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  APLICACIÓN DE LAS METODOLOGIAS PARTICIPATIVAS EN EL PROYECTO "APOYO AL DESARROLLO FORESTAL COMUNAL EN LOS ANDES DEL ECUADOR"

Miguel E. Andrade

La participación es un concepto que ha sufrido cambios asociados con los modelos de intervención utilizados en diferentes momentos de las propuestas de desarrollo, desde aquellos de corte totalmente vertical -"yo formulo la propuesta... ellos tienen que ejecutarla"-, hasta las nuevas ofertas en las que los agentes externos somos facilitadores de procesos y los verdaderos protagonistas son los actores sociales locales.

En la actualidad, concebimos la participación como la apropiación de un poder para influenciar políticas, programas, proyectos, presupuestos, prioridades, estrategias; y, para conseguir este propósito, evidentemente, se precisa apoyar la construcción de capacidades locales que posibiliten el establecimiento de marcos para pensar, para decidir y para actuar. La participación, entonces, exige buenas dosis de reflexión, de análisis críticos y, sobretodo, de compromiso.

Las metodologías participativas se apoyan en la utilización de un gran número de herramientas o técnicas que han sido diseñadas por diferentes organizaciones y/o proyectos de apoyo al desarrollo social, para diferentes propósitos; sin embargo, las herramientas son sólo eso, herramientas. La aplicación de ellas no garantiza, de por si, el logro de los cambios buscados por cualquier programa o proyecto.

Entre las metodologías de uso común en el trabajo con la comunidades participantes en el proyecto Desarrollo Forestal Campesino del Ecuador, DFC, se tiene: el diagnóstico participativo comunitario, la planificación participativa, el plan forestal comunal, el diseño predial, el seguimiento y evaluación comunitaria, el calendario forestal, el plan de acompañamiento. Con estas herramientas las comunidades analizan su propia realidad y planifican las acciones que, con sus recursos y el apoyo de agentes externos, pueden realizar.

En el nivel de las organizaciones se apoya la formulación de la planificación a mediano y largo plazo, a través de la planificación estratégica y la formulación de los planes de desarrollo local.
Teniendo como referencia los planes estratégicos y los planes de desarrollo local, las organizaciones campesinas necesitan hacer formulaciones más concretas. Con este propósito el DFC desarrolló una adaptación de la Planificación de Proyectos por Objetivos -PPO-, que constituye la denominada planificación táctica, donde partir de los macroproblemas, los grupos comunitarios construyen sus árboles de problemas y luego deciden la estrategia que van a llevar adelante para transformarla en propuesta de proyecto, mediante la elaboración de un marco lógico. Este esfuerzo ha posibilitado que los campesinos formulen y negocien directamente importantes proyectos complementarios a la propuesta del DFC, proyectos que, por supuesto, DFC no puede apoyar por las limitaciones propias del proyecto.

Los efectos de la aplicación de las metodologías participativas se pueden clasificar en dos categorías: i) efectos objetivamente verificables, y ii) efectos intangibles.
Entre los primeros se destacan: la participación activa de alrededor de 350 comunidades campesinas e indígenas; más de 11.000 familias aplicando la propuesta del DFC; alrededor de 500 promotores campesinos, de los cuales un 35% son mujeres; alrededor de 200 profesionales jóvenes entrenados en la extensión forestal participativa; más de 12.000 ha de tierras protegidas con plantaciones y con obras de protección de suelos; más de 40 organizaciones de desarrollo local asumiendo la propuesta (municipios, organizaciones no gubernamentales y algunas empresas de servicios de agua potable y de energía eléctrica); una Asociación Nacional de Promotores Agroforestales constituida; algunas universidades incorporando la propuesta en sus programas de formación profesional.

Entre los efectos intangibles pueden mencionarse: altos niveles de autoestima alcanzados por los campesinos, especialmente, por las mujeres que participan en el proyecto; un buen nivel de formación técnica lograda por un significativo porcentaje de los promotores(as); buenos niveles de relaciones horizontales alcanzados entre los campesinos y los facilitadores externos; mutuo respeto entre los diferentes actores participantes; altos niveles de transparencia para enfrentar retos y dificultades; altos niveles de motivación y compromiso, entre los más importantes.

Con miras en el futuro, creemos que existen dos caminos paralelos: la comunalización del DFC y la institucionalización de la propuesta. En las dos vías el propósito central es lograr que ésta se vuelva una práctica irreversible para el manejo autogestionario de los recursos naturales, por parte de las comunidades, y para la promoción permanente y la ejecución de nuevos programas de extensión forestal participativa, por parte de las organizaciones de desarrollo local.

Como consecuencia del trabajo en el DFC tenemos las siguientes reflexiones: Cualquier herramienta metodológica no debe ser considerada como una receta o camisa de fuerza. Las metodologías son pautas que permiten orientar y organizar determinados procesos, por tanto, son susceptibles de ajustes, adaptaciones, combinaciones y, en no pocas ocasiones, fragmentaciones en su uso.

Con frecuencia se archivan los resultados de diagnósticos o planificaciones, haciendo que su valor sea nulo. El uso frecuente de las herramientas metodológicas, por ejemplo de los croquis o mapas, va creando el hábito de trabajar con estos instrumentos.

Si al enfrentar estos procesos ocurre que los propósitos no son conseguidos de manera total, según lo programado, no importa; luego se les completará. Lo importante es haber generado espacios de confianza que posibiliten el diálogo permanente entre los actores participantes.

Generalmente, en la aplicación de las metodologías participativas, se producen espacios de socialización de resultados parciales o totales de los trabajos de grupo; en estos espacios, es bueno buscar las oportunidades para incorporar algunas reflexiones que resulten de interés para sensibilizar o motivar a los participantes sobre temas relacionados con el manejo de sus recursos naturales o con otras cuestiones de su desarrollo integral.

Otra cuestión: ... si bien es importante la organización previa de los eventos en los que se aplica las metodologías participativas, no debe caerse en el extremo de conducirlos con una formalidad excesivamente rígida; estos deben ser considerados momentos de alegría y de aprendizaje mutuo; es por esta razón que acostumbramos a llamarlos, por ejemplo, la minga de la planificación o la minga de la evaluación.

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  INTERMEDIACIÓN CULTURAL, TECNOLOGIA TRADICIONAL Y ANALISIS DE VULNERABILIDAD
Tres casos de aplicación metodológica participativa

Georg Grünberg
Edgar Palma
Sílvel Elías

La ponencia integra tres esfuerzos de análisis de metodologías participativas, realizados con propósitos distintos, pero que tienen como eje común el reconocimiento de la dimensión sociocultural en los procesos de desarrollo. En el primer caso Georg Grünberg, se refiere a la importancia de valorar los factores de cohesión social y étnica como punto de partida para favorecer las iniciativas de legalización de la tenencia de la tierra en Petén, considerando que esa consolidación social y étnica contribuye a mantener una economía campesina basada en la agroforestería en la zona de frontera agrícola.

Dicha consolidación contribuye al surgimiento de un proceso de intermediación cultural, necesario para el ordenamiento de la tenencia y uso de la tierra y los demás recursos naturales, ya que aumenta la estabilidad y fortalece la conformación social de los nuevos asentamientos.

Por su parte Edgar Palma nos invita a un ameno recorrido por la experiencia comunitaria de diferentes grupos en Petén que han logrado, no obstante los factores externos adversos, desarrollar toda una construcción social de manejo de espacios vitales y ecosistemas productivos y naturales, sustentado en un profundo conocimiento agroecológico del área y un largo proceso adaptativo desarrollado en forma comunitaria, es decir, participativa.

Esas enseñanzas, desde lo local, ofrecen un valioso insumo que puede ser útil para otras comunidades en situaciones similares, pero más aún para los técnicos y tomadores de decisiones, que encontrarán experiencias dignas de constituirse en ejemplos para el impulso del desarrollo sostenible, no solo para Petén, sino para otros países en contextos parecidos.

Del trabajo de Palma se pueden destacar dos hechos sobresalientes: uno es que demuestra la construcción participativa de un vasto conocimiento local en el manejo de los recursos naturales, y el otro que mediante la implementación de metodologías participativas se puede llegar a la sistematización de los saberes locales, no tanto para llenar un vacío de información, sino fundamentalmente para que oriente futuras acciones cercanas a la sostenibilidad.

En el tercer caso, Sílvel Elías, aborda una realidad un poco distante de Petén, en términos de distancia, pero muy cercano en el sentido de que la región analizada aporta un gran número de migrantes hacia Petén.  Son migrantes que no sólo llevan sus penas y  necesidades, sino también sus conocimientos, expresados en las prácticas y tecnologías tradicionales, así como sus recursos biológicos, especialmente semillas, con lo cual han contribuido a esa gran biodiversidad agrícola que caracteriza a Petén.

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  UNA EXPERIENCIA PARTICIPATIVA PARA EL MANEJO DE LOS RECURSOS NATURALES - LA EXPERIENCIA DEL PROYECTO MARENASS

Cesar Sotomayor

MARENASS es un Proyecto de Manejo de Recursos Naturales Productivos del Ministerio de Agricultura del Perú; su ejecución se inició en Septiembre de 1997 con apoyo del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola.

El Proyecto tiene como principio participar de las actividades de los propios comuneros, y no buscar que ellos participen de "la propuesta institucional"; en este sentido carece de propuestas tecnológicas y su trabajo se limita a facilitar espacios donde las iniciativas de los propios agricultores puedan desarrollarse.

Esta estrategia se hace posible a través de la transferencia de fondos públicos para el manejo directo por parte de las comunidades campesinas,  en la que se encuentra inserta la transferencia de responsabilidades de su propio desarrollo; este proceso genera a la vez,  un desafío para el uso de sus capacidades y el respeto a su identidad cultural, las cuales vienen incrementándose por el constante ejercicio de sus derechos y responsabilidades ciudadanas.

La opción de construir un proyecto que no rompa la legitimidad de las organizaciones de los productores hace que desde un inicio, todos los servicios que brinda la institución se caractericen por respetar la libre elección y participación de los usuarios, de este modo tanto las mujeres como varones de las comunidades campesinas, que se han involucrado con la propuesta MARENASS, han enfrentado desde el primer momento el reto de ejecutar directamente las actividades identificadas y demandadas por ellos mismos.

En estos dos años y medio de trabajo el proyecto viene trabajando con 280 comunidades campesinas e igual número de organizaciones de mujeres, transfiriendo fondos directamente a ambos tipos de organizaciones y promoviendo de este modo que las acciones de desarrollo sean ejecutadas por ellos mismos, ya sea como parejas, como familias y como grupos solidarios.

El manejo de recursos naturales que se promueve enfatiza los elementos agua, suelo, cobertura vegetal, fauna, y más específicamente algunos ejes temáticos, como el manejo de agua y cultivos, manejo de praderas y manejo de ganado,  prácticas conservacionistas y manejo forestal  y  finalmente,  manejo de tuna - cochinilla.

El manejo forestal que bajo la metodología de concursos (entre familias, grupos y comunidades) viene auspiciando el proyecto, ha comenzado a mostrar resultados que están generando un incremento de estas prácticas en el nivel familiar más que en el comunal. La metodología genera la expectativa de un ingreso económico a futuro que los comuneros van conociendo de otras experiencias a través de pasantías realizadas por algunos líderes comunales (varones, mujeres) conocidos como yachachiqs y que luego replican en sus propias comunidades.

Es importante para el proyecto, procurar la consolidación y transferencia a los agricultores desde el primer año. Por ello la estrategia general se sustenta en la difusión, la transferencia e internalización, por parte de las comunidades campesinas, de tecnologías agropecuarias que permitan la recuperación y conservación de los recursos naturales para la producción. El punto central del proyecto es lograr un manejo racional de los recursos, propiciando y potenciando la condición y posición de los campesinos y campesinas.

En este proceso se vienen ejecutando varias estrategias, de las cuales la productiva conocida también como pachamama raymi y la de acompañamiento  (fondo semilla) son instrumentales y están dirigidas hacia la búsqueda de la sostenibilidad del proyecto, de manera que las nuevas prácticas transmitidas perduren más allá del período de ejecución.

Los 5 ejes del proyecto son:

   Minimizar la presencia del proyecto, mediante la coordinación y transferencia de responsabilidades de ejecución a las comunidades;

   Reforzamiento de las estructuras organizativas de las comunidades campesinas;

   Incorporación de la mujer en igualdad de condiciones en las actividades del Proyecto, y su participación directa en la toma de decisiones comunales;

   Establecimiento de un marco institucional y administrativo ágil, que permita el manejo y la transferencia  eficiente de los recursos del Proyecto y;

   Facilitar la participación de instituciones públicas y privadas en la complementariedad de esfuerzos.

El trabajo realizado indica que el proceso de facilitación para el desarrollo de capacidades en las poblaciones rurales, genera el libre ejercicio de iniciativas crecientes por parte de los mismos sujetos del desarrollo, mostrando a la institución que los comuneros si tienen propuestas y tienen proyectos y que es más viable adaptarse y apoyar esos procesos.

La experiencia del proyecto está mostrando que a pesar de los bajos niveles socioeconómicos y las dificultades del medio físico, con ecosistemas frágiles, es posible la dinamización de un mercado de asistencia técnica para el manejo de recursos naturales productivos, pero adaptado a las propias posibilidades de pago. La preferencia por contratar asistencia técnica está dirigida a agricultores exitosos dispuestos a compartir riesgos, transferir tecnología a su alcance y garantizar rendimientos. En este sentido es importante subsidiar institucionalmente el arranque de este mercado y realizar programas que mejoren la calidad de este tipo de oferta.

El apoyo a economías campesinas pobres es una obligación ineludible de sus gobiernos, este puede llamarse subsidio, transferencia directa de recursos, etc. Aunque el proyecto transfiere recursos directamente a las Comunidades Campesinas, la transferencia posterior a las familias y comunidades se realiza mediante premiaciones en los concursos, reconociendo resultados mas que procesos.
En un contexto en el que se transfieren responsabilidades directas a los mismos comuneros, resulta redundante plantearse métodos o instrumentos participativos con el objeto de pretender interpretar lo que los propios actores quieren.  Por otro lado, al recoger el conocimiento de los propios campesinos y ponerlos a disposición de otros agricultores bajo la forma de concursos  socializa las innovaciones tecnológicas de manera horizontal.

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  SISTEMA DE PLANEACIÓN, SEGUIMIENTO Y EVALUACIÓN PARA LA POLÍTICA DE BILANCE EN COLOMBIA

Gloria Esperanza Vela Mantilla

Se presenta una experiencia en Colombia sobre construcción participativa de un sistema de planeación, seguimiento y evaluación. El sistema utiliza como instrumentos técnicos una adaptación y simplificación del Marco Lógico, el cual se aplica en los diferentes niveles: del país (para la política), de ONGs y Organizaciones de Base -OB- (para los proyectos). Igualmente, se han retomado algunos instrumentos de la planeación estratégica, como el análisis DOFA aplicado al contexto y a la institución, como guía para la definición de estrategias de acción.

La principal característica técnica y metodológica del Sistema de Planeación, Seguimiento y Evaluación -SPSE- es su enfoque prospectivo, ya que en la planeación no se parte de un diagnóstico de situación sino de la construcción de una situación final deseada a partir de la cual se define la situación inicial respectiva, que se asemeja más a una línea de base que a un diagnóstico.

En la recolección y análisis de la información, dependiendo del momento del proceso y del tipo de información, se usan diferentes instrumentos y técnicas con énfasis en los participativos tales como Talleres Evaluativos, Grupos Focales, Entrevistas semiestructuradas con informantes claves y con la comunidad, mapas parlantes, transectos, diseños prediales y otras herramientas del DRP.

Los principales problemas encontrados en el diseño y aplicación del SPSE:

   La deficiente formulación de los proyectos, especialmente en lo relacionado con la definición de Situaciones Finales (la metodología no plantea la formulación de Objetivos), Resultados Anuales y Situaciones Iniciales, así como de indicadores de impacto y efecto.

   La reticencia en las ONGs por el manejo de indicadores cuantitativos y la debilidad de las Organizaciones de Base para formular indicadores cualitativos. La metodología requiere la complementación de estos dos tipos de indicadores.

   Las debilidades de técnicos/as de las ONGs y de integrantes de las OB en cuanto a recolección y análisis de la información, por lo que el proceso de diseño del SPSE se convirtió también en un proceso de capacitación. En este sentido, si bien se ganaron capacidades locales, el proceso se hizo más lento. Sin embargo, la metodología permitió la flexibilidad suficiente y necesaria para respetar los ritmos y tiempos de las comunidades y de las ONGs.

   El temor de las ONGs a formular sus proyectos a partir de los proyectos de las OB y a firmar con ellas Convenios de Cooperación. En el transcurso de la aplicación del Sistema, se hizo evidente la importancia del Convenio en cuanto a hacer más transparente la relación entre ONG y OB y a generar mayor horizontalidad en esas relaciones.

Los principales aportes del SPSE son:

   Fortalece las organizaciones por generación de mayores habilidades y destrezas para la gestión del ciclo de proyecto; mayor claridad, unificación de conceptos, creación de lenguajes comunes, mayor disciplina y rigurosidad en el trabajo y un sistema integral de PSE para toda la organización.

   Evidencia la articulación de todos los proyectos y acciones de una organización en torno a su misión.

   Contribuye con elementos conceptuales y metodológicos para la discusión y análisis interno de las estrategias de intervención desde las dimensiones transversales (género, medio ambiente y democracia).

   "Frena" el activismo al crear conciencia y cultura de seguimiento y evaluación; propicia un trabajo más por procesos que por actividades.

   Facilita una toma de decisiones más informada y una mayor articulación entre lo administrativo y lo técnico y entre lo técnico y lo social.

   Refuerza la capacidad de gestión y de negociación con otras organizaciones y entidades públicas y privadas, nacionales e internacionales ya que facilita "mostrar" en forma más técnica los resultados de lo que se hace. Mejora la capacidad de argumentación y negociación de propuestas y/o proyectos con otros actores sociales.

   Facilita la formulación y realización de acciones más ajustadas a condiciones regionales/locales concretas pero articuladas en Planes y Programas locales y/o regionales, por la formulación concertada de Situaciones Finales a lograr con las acciones. Permite miradas más integrales de la intervención y mayor coherencia en y entre las propuestas de diversas organizaciones.

   Facilita la sistematización de las experiencias en forma más institucional que personal y permite contar con información más confiable sobre la práctica, la cual se puede confrontar con el marco conceptual (el cual debe ser explícito).

   Se gana en la identificación y verificación de efectos intangibles logrados con la intervención, mediante la formulación de indicadores mixtos con escalas de verificación explícitas.

   Contribuye a generar mayor claridad en la relación entre ONGs y OBs en cuanto a tiempos, recursos y resultados a lograr con la relación, lo que permite precisar compromisos y acuerdos (firma de convenios).

   Contribuye a crear una actitud positiva en cuanto a la "rendición de cuentas"  y corresponsabilidad, por la generación de una cultura de autoevaluación.

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  SEMILLAS PARA EL DESARROLLO FORESTAL:
CONFLICTOS, CONSENSOS Y NEGOCIACION ENTRE ACTORES
Comparación de dos experiencias y enfoques metodológicos para el manejo y la administración de recursos forestales en Totonicapán, Guatemala

Fabricio Aguilar
Dagny Skarwan

Totonicapán es foco de interés para muchas organizaciones de desarrollo forestal en Guatemala. Sus bosques, en relativo buen estado, a pesar de las presiones sociales existentes determinan profundamente el carácter del departamento y el Municipio. La cultura organizativa tradicional de los kichés de Totonicapán gira en torno a su territorio y sus recursos naturales. Los bosques en manos comunales se han mantenido, la pobreza se ha perpetuado.

En este medio se ejecutan dos experiencias que quieren aportar nuevos conocimientos para preservar y aprovechar mejor los bosques. ProBosques apunta a la conversión del bosque comuna en un área protegida manejada en coadministración entre la municipalidad, las organizaciones y las autoridades tradicionales. CDROBosque quiere constituirse en una oferta para asesorar a las Parcialidades en el mejor manejo de sus tierras colectivas.

Estas dos experiencias muestran en la práctica dos enfoques distintos del desarrollo forestal. En CDROBosque predomina la visión técnica, orientada a lograr la elaboración de planes de manejo; en ProBosque los esfuerzos buscan hacer crecer las capacidades de gestión en los actores locales, a partir de nuevos consensos entre Comunidad - Municipalidad - Estado.

Los poderes locales y actores centrales que representan al Pueblo de Totonicapán, no incluyen a las mujeres. Aunque tradicionalmente las mujeres están más presentes en el bosque, realizando tareas forestales, los dos proyectos no lograron encontrar la clave hacia una mayor equidad, a partir del desarrollo forestal.

Las metodologías aplicadas se corresponden con los dos enfoques, la participación y gobernabilidad claramente se ven favorecidas por la visión de ProBosques. Abundan los conflictos y abunda la creatividad.

ProBosques se perfila como un proyecto complejo con relevancia estratégica, que combina muchos elementos para crear capacidades de negociación y consenso en el nivel local y espacios mayores, partiendo de un explícito y sensible reconocimiento de los actores tradicionales,  las normas consuetudinario y sus capacidades de gestión.
CDROBosque, ejecutada por una organización de desarrollo importante, con raíces en las mismas comunidades (modelo organizativo POP), que enfatiza la horizontalidad y participación total como sus principios, se limita mayormente a un enfoque técnico sin captar las dimensiones de participación y empoderamiento de los actores tradicionales en el manejo del bosque.  


Las principales lecciones aprendidas son:

   La planificación forestal se puede iniciar sólo si se ha logrado esclarecer sus conceptos y un consenso en torno a otros factores determinantes relacionadas con las responsabilidades de gestión local, vigencias de normas de control, seguridad de la tierra etc.  

   En ProBosques se busca que los socios o miembros  se apropien de lo planificado. Con relación al Comité Central para la Conservación de los Bosques y Protección de Bienes Comunes Uleu Che´Ja´ ("tierra, árbol, agua") se hace un esfuerzo de democratizar las estructuras y la comunicación de la Junta Directiva con sus Comités de base.

   Como lección metodológica importante para la transición de un manejo tradicional a un manejo más moderno y tecnificado, se confirmó la idea fundamental: procesos de deforestación y destrucción de la biodiversidad no pueden ser contrarrestados sin una adecuada y efectiva participación ciudadana.

   Los Planes Maestros podrían, en el futuro, dar respuesta a los intereses articulados de diferentes grupos comunitarios. Sin embargo, en el caso de Totonicapán, el concepto del Pan Maestro como un instrumento para el manejo moderno de los bosques ha tenido aun poca oportunidad de demostrar su utilidad. Hay gran desconfianza y hasta hostilidad. La experiencia en Totonicapán ha demostrado que los Planes de Manejo NO representan los intereses de los miembros de las comunidades.

   Las decisiones conjuntas entre organizaciones de base y organizaciones de apoyo, plasmadas en los POAs son positivas, pero no son funcionales ni se adecuan a la realidad, si se utilizan como instrumentos de intervención. Por ejemplo CONAP exige la aplicación exacta de los formatos elaborados por ellos, cuestionando de esta manera la validez de los acuerdos e intereses expresados por la comunidad.

   Para, por ejemplo, contribuir a mejorar el manejo del bosque, es importante poder incidir sobre las formas de gestión y administración. Allí no es suficiente tener un Plan Maestro o Plan  de Manejo o capacitar en cuestiones organizativas o administrativas a las autoridades. Es preciso conocer los mecanismos como se transmiten los lineamientos: En el caso de Totonicapán las autoridades tradicionales o delegados no trabajan al nivel de criterios propios, sino mediante consignas, que forman parte de la tradición oral. En el traspaso de autoridades anuales se codifican las consignas y así se transmite lo positivo y lo negativo, los lineamientos para la administración del pueblo.

   Finalmente, la argumentación que la implementación de áreas protegidas corresponde a una corriente conservacionista que, en contra de la gestión equilibrada manejada por las autoridades comunitarias durante muchas generaciones, merma el control de los bosques y territorios en manos de las organizaciones locales, olvidando la existencia de derechos ancestrales y obviando la participación comunitaria, no es del todo valida para el caso de la transformación del Bosque Comunal en área protegida en Totonicapán.

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  PUEBLOS INDIGENAS Y RECURSOS NATURALES

Romeo Tiu

La comprensión de la participación del pueblo maya en el manejo, control y administración de los recursos naturales, es necesario analizarla desde las relaciones socioculturales y económicas de dicho pueblo; es necesario, por tanto, entender cómo influyen los métodos modernos y externos sobre los métodos tradicionales de manejo y cómo presionan a los recursos, haciendo que la sostenibilidad se vea comprometida.

Se pretende demostrar que al contar con una administración colectiva de los recursos naturales, se puede identificar mecanismos de autocontrol y fiscalización comunitaria que permiten que los resultados de violaciones a las normas comunitarias no sean tan fuertes como en otros lugares donde las estructuras sociales indígenas han sido sustituidas. Se destaca que las comunidades indígenas presentan las siguientes características: Colectividad en el manejo de sus asuntos, toma de decisiones, tenencia de la tierra y trabajo; Apoyo, ayuda mutua y espiritualidad.

La clave del buen manejo de los recursos en las tierras colectivas, es, en consecuencia, producto de las siguientes razones: La fiscalización y control interno por parte de los habitantes de las comunidades;  Existencia de normas (indígenas o comunitarias) definidas; Entes estatales aún lejos de esos lugares; Estructuras indígenas bien definidas; Autoridades indígenas con responsabilidad sobre los recursos naturales; Uso y administración racional de los recursos.

Estas razones están afectadas por otros hechos que ponen en peligro la sostenibilidad del manejo de los recursos:

   La conversión de las tierras colectivas en particulares, como resultado de la distribución de las mismas;

   La oferta de remuneración rápida por parte de empresarios externos, para la ejecución de actividades depredadoras de los bosques;

   Discrepancias entre las creencias religiosas tradicionales y las religiones externas;

   Leyes no acordes a la realidad social, política, económica y cultural de las comunidades;

   Conflictos entre comunidades por el control de las tierras comunitarias y  debilitamiento de las estructuras comunitarias;

   Falta de reconocimiento legal del derecho y autoridades indígenas;

   Falta de control de los delitos o faltas contra los recursos forestales, por parte de las autoridades nacionales.

Se presenta una descripción del papel de las autoridades indígenas en el manejo de los recursos naturales, destacándose el papel de los "principales", quienes fungen como asesores de las comunidades; los alcaldes auxiliares encargados de resolver conflictos internos, así como servir de enlace con las autoridades del Estado; los guardabosques (antes seleccionados por las comunidades y hoy pagados por el Estado, haciendo que las comunidades no se preocupen de sus bosques), encargados del cuidado de los bosques; y, los fontaneros, encargados por las comunidades para vigilar el recurso agua. Con relación a las organizaciones encargadas legalmente del cuidado de los recursos forestales y de las áreas protegidas, se indica que las relaciones son tensas debido a la falta de comunicación entre estas instituciones y las comunidades.

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  CAMPESINOS, CAMPESINAS E INDIGENAS PROTAGONISTAS
EN LA DEFINICION DE SU FUTURO DESARROLLO

Doralice Ortíz Ortíz

Las oportunidades para la participación abiertas con la promulgación de la Constitución Política de 1991, se orientan a lograr un país más autosuficiente, con una mayor formación y determinación de los ciudadanos para buscar una mejor calidad de vida al compartir  entre todos y todas las decisiones y responsabilidades.

En este marco institucional se ejecuta el proyecto PACOFOR (Desarrollo de la participación comunitaria en el sector forestal), que tiene como objetivo general de desarrollo "contribuir al mejoramiento sostenible de la calidad de vida de las familias campesinas e indígenas, mediante la ejecución de actividades forestales y agroforestales autogestionarias, identificadas, diseñadas, implementadas y evaluadas por la comunidad.

El proyecto se ejecuta desde la zona alta marginal cafetera, hasta la zona cálida del valle interandino de los ríos Cauca y Magdalena, en los departamentos de Caldas, Quindio, Risaralda y Tolima. La población total de éstos departamentos es, según el censo del DANE de 1.993,  de 3'655.476, la cual habita en 97 municipios, de los cuales 30 corresponden al área  de cobertura geográfica  del proyecto, en el ámbito de la zona rural, que representa un 28% aproximadamente del total departamental.

Las comunidades participantes en el proyecto habitan en áreas delimitadas políticamente, identificadas como "veredas" y presentan las siguientes características:    

Comunidades campesinas, habitadas por pequeños (2 a 5 ha) y medianos (6 a 15 ha) propietarios, dedicados generalmente a la práctica de la agricultura: café, asociado con productos agrícolas destinados al consumo familiar.

Comunidades indígenas minifundistas con alta concentración de población y economía dependiente principalmente del cultivo del café, aunque también es posible encontrar indígenas artesanos, actividad a la cual se dedican tanto los hombres como las mujeres.

En las comunidades, tanto campesinas como indígenas, se tiene un promedio de 500 habitantes, correspondientes unas  80 - 100 familias.

Los componentes de la metodología de PACOFOR son:

Acercamiento a la comunidad
Concertación temática
Orientación en organización y participación comunitaria
Identificación de las relaciones de género
Autodiagnóstico comunitario forestal
Alternativas para el desarrollo sostenible
Formulación de los proyectos comunitarios agroforestales
Plan forestal veredal

El trabajo realizado por PACOFOR se ha visto limitado por el paternalismo ha que han estado acostumbradas las comunidades, ingerencias políticas en el nombramiento de funcionarios, restricciones en los fondos de cofinanciación y el machismo que ha limitado la participación de las mujeres.

Los elementos que han impulsado sus acciones son, entre otros:

   Coordinación y trabajo permanente con los grupos de base, las instituciones y la Administración municipal;

   Los procesos educativos en aspectos solicitados por la comunidad;

   Planificación tomando como marco la cuenca hidrográfica, con base en la comunidad con un proceso avanzado y motivando las comunidades aledañas que presentan características similares en cuanto al sistema productivo, para participar;

   La formación de promotores rurales, hombres y mujeres, capacitados como técnicos profesionales en el manejo de los recursos naturales;

   La adopción de diferentes proyectos y parcelas demostrativas tanto a escala individual como comunitaria;

   La valorización que tienen las fincas con el establecimiento de los diferentes sistemas;

   La promoción de la participación de la mujer en las acciones del Proyecto;

   El vivero comunitario, que además de servir para la producción de material para siembra en la comunidad o para su comercialización, ha abierto un espacio para la  organización y participación comunitaria, la transferencia técnica y la educación ambiental; y

   Las estrategias participativas que han propiciado la recuperación de técnicas un poco olvidadas por la comunidad como es la "minga " utilizada principalmente en comunidades indígenas y el "convite" desarrollado por las comunidades campesinas.

Este ámbito permitió la formulación de una segunda fase para consolidar los procesos iniciados con comunidades de la región cafetera central de Colombia.

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  PRIMEROS ACERCAMIENTOS PARA FOMENTAR LA PLANEACION COMUNITARIA RELACIONADA CON EL USO DEL TERRITORIO DE LOS EJIDOS FORESTALES DE QUINTANA ROO:
Experiencias y reflexiones de campo

Dawn Robinson

Quintana Roo, México, es reconocido internacionalmente por el manejo comunal de sus bosques tropicales, descrito alguna vez como "probablemente el manejo forestal más grande, importante y exitoso en América Latina". Durante el periodo de 1983 a 1996, más de 40 comunidades, conocidas como ejidos, fueron apoyadas para iniciar aprovechamientos forestales, administrados por las autoridades comunales en vez de compañías externas, en un programa piloto conocido como el Plan Piloto Forestal (PPF).
Entre los planteamientos básicos del PPF se encuentra "detener la destrucción de los recursos forestales, haciendo del bosque una alternativa económica para los ejidatarios, en lugar de eliminarlo para dedicar la tierra a otros propósitos" mediante el aprovechamiento forestal ordenado, logrando "interrelacionar adecuadamente la actividad forestal con la agricultura y la ganadería, tomando la primera como "núcleo".

Bajo el PPF, un ejido, para obtener un permiso de aprovechamiento forestal, tenía que establecer una reserva forestal, conocida como Área Forestal Permanente (AFP), la cual debía ser inventariada por lo menos parcialmente. La decisión para crear las AFPs se tomaba al nivel de la asamblea ejidal,  y requería un trabajo considerable de extensión por el personal técnico del PPF.

Las tendencias políticas actuales, tanto nacionales como del estado, buscan fomentar la propiedad privada frente al sistema ejidal. Todavía existen argumentos fuertes para trabajar con el ejido como unidad planeación. Aun cuando la toma de decisiones sobre el manejo de las tierras agrícolas y ganaderas se hace al nivel de parcela individual, los impactos afectan la totalidad del ejido: cambios en las poblaciones de vida silvestre,  contaminación por el uso de agroquímicos,  o efectos sociales si se toman recursos excesivos a costa de los que corresponden a otras personas.

El proyecto de acción-investigación de la Universidad de Quintana Roo (UQROO), buscó definir un conjunto de métodos que permitan apoyar procesos de análisis y planificación comunitaria en ejidos forestales. Esencialmente, este proyecto estaba dirigido a aprovechar experiencias ganadas en investigación participativa y aplicarlas en comunidades forestales, así como buscar formas de promocionar la planificación comunitaria del uso del suelo como un complemento, o como una alternativa, al "Ordenamiento Territorial" promovido por el gobierno.

La mecánica de acercamiento del equipo de la UQROO para el apoyo a la planeación tomaba en cuenta el enfoque "investigación - acción participativa", involucrando a miembros de la comunidad en la búsqueda y sistematización de información sobre su ejido, como paso previo hacia su fortalecimiento y convencimiento, incrementando su confianza para la determinación del futuro del mismo.

Los principales elementos de la metodología fueron: (i) Selección de las comunidades en forma conjunta con organizaciones que trabajaban de manera cercana con ellas y tenían presencia constante; (ii) Búsqueda de información complementaria sobre la comunidad; (iii) Formación de un grupo núcleo de personas dispuestas a acompañar el proceso; (iv) Establecimiento de acuerdos sobre la forma de trabajar, incluyendo los compromisos por parte de los investigadores y los participantes, así como los resultados esperados (v) Realización de talleres temáticos; (vi) Elaboración de mapas de los ejidos; (vii) Visitas al campo para compartir la comprensión de los recursos naturales del ejido; (viii) Elaboración de un documento o informe final; (ix) Devolución formal de la información y los resultados a las comunidades; y, (x) Elaboración de formatos de monitoreo interno.

La investigación permitió identificar las siguientes fortalezas:

   Formación del equipo. Es importante contar con un grupo núcleo dispuesto a dar seguimiento a los procesos y asumir responsabilidades en el trabajo.

   Incorporación de transectos o recorridos de la comunidad. Las visitas al campo con un propósito explícito sirven para generar discusiones sobre el acceso a los recursos de uso común y los problemas actuales.

   Enfasis en dejar algo escrito en la comunidad. No tanto que se devuelve la información, sino que se diseñe la generación de información desde un principio pensando en la utilidad para los tomadores de decisiones dentro de la comunidad.

   Flexibilidad. En la selección de los temas de los talleres.

   Mecanismos para mantener informados a las autoridades y a la asamblea sobre el avance del trabajo.

   Es imprescindible utilizar herramientas como mapas para enfatizar los impactos de ciertas decisiones y los posibles conflictos entre las actividades.

   Un sistema de monitoreo iterativo interno. Fue muy útil contar con el sistema de retroalimentación interna provisto por los formatos que se llenaban después de cada taller, recorrido o reunión.

Las debilidades del proceso identificadas son:

   No se diseñó un sistema de evaluación final del trabajo.

   No se construyeron suficientes vínculos con las Sociedades Civiles u otras organizaciones con presencia continua en la comunidad.  Por lo tanto, no hubo el acompañamiento esperado por parte de técnicos forestales.

   En algunos casos no se logró el nivel de asistencia esperada en la discusión de las actividades en que participaban. Eso destaca la importancia de contar con un grupo de personas que cumpla con el compromiso de convocar a sus compañeros.

   Se require poner más énfasis en la generación de información básica, en conjunto con la comunidad..


Reflexiones y Observaciones

Resultó muy claro que los ejidos han padecido una falta de apoyo en cuanto a la construcción de capacidades apara la administración, la comunicación interna, la toma de decisiones y la organización para la producción.   Mientras más y más proyectos de planeación regional pasan por encima del ejido como unidad de manejo y planeación, la introducción del mapeo y el fomento de la planeación y debate se ve como una necesidad más urgente.

En los inicios del PPF existía más apoyo institucional para la organización de los ejidatarios, descrito una vez como el "acompañamiento de la gente" más que la extensión. La experiencia del equipo de la UQROO indica que hoy en día hace falta volver a enfatizar tal 'acompañamiento' ahora en un proceso de evaluación y búsqueda de soluciones realizado por los propios miembros de la comunidad. Se espera que los métodos que se describen aquí contribuyan a tal proceso.

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  METODOLOGIAS  PARTICIPATIVAS  PARA  EL DESARROLLO FORESTAL SOSTENIBLE

Margarita Oseguera de Ochoa

Hoy día existe más conciencia sobre la necesidad de valorar los procesos participativos comunitarios en el desarrollo sostenible. Se reconoce la capacidad de la población para contribuir a resolver sus propios problemas y participar activamente en el desarrollo nacional y regional. Se reconoce que potenciar esta capacidad tiene un impacto significativo en términos de crecimiento económico, social y de consolidación de procesos democráticos. Participar sólo tiene sentido si es una acción consciente y representa una intervención real de la población organizada en la deliberación, toma de decisiones y búsqueda de alternativas de solución a los problemas generados por la pobreza; si representa el involucramiento de la comunidad en las estructuras de poder local y nacional.

En Honduras existe una experiencia de manejo municipal de los recursos forestales, Lepaterique. Esta experiencia ha mostrado que el estímulo a la participación consciente forma parte de procesos de aprendizaje colectivos. Se ha comprobado que no es posible que un sólo ejercicio participativo lleve hacia el cambio sostenido, mucho menos en poblaciones que han tenido poco o ningún espacio para practicarlo. No son posibles los remedios rápidos para resolver problemas complejos. Esta experiencia mostró que para que los pobres tomen iniciativas auto determinantes se requiere:

El desarrollo de conciencia acerca de la realidad en la cual viven; particularmente entender la pobreza y el abandono como resultado de fuerzas sociales específicas, en lugar de verlos como una deficiencia inherente a su condición, o como efecto del 'destino'.  

Con base en este juicio, apropiarse de sus habilidades colectivas para producir cambios positivos en la situación cotidiana y organizarse en torno a estos propósitos.

Se calcula que existen unas 12 mil comunidades indígenas y campesinas en Centroamérica que viven en suelos de vocación forestal, con quizá unos 15 millones de personas; un porcentaje cada vez mayor de ellas se vinculan a la forestería como un medio de supervivencia. La participación facilita la interacción humana, viabiliza los procesos económicos, sociales, culturales y políticos, facilita que la población ejerza un mayor control sobre los acontecimientos vinculados a su entorno, a su realidad.

La Organización Campesina e Indígena Centroamericana para la Forestería Comunitaria CICAFOC ha definido la forestería comunitaria como un sistema de uso de la tierra que procura maximizar la productividad económica y la sustentabilidad, involucrando la comunidad local en los procesos de planificación y manejo de los recursos forestales. "Está vinculada a procesos continuos de toma de decisiones, que involucra a las comunidades, desde la formulación y planificación, hasta la ejecución, seguimiento y  evaluación de proyectos. Se protege el medio ambiente y no se separa a las comunidades de sus recursos. Es una iniciativa común,  de trabajo en conjunto o ayuda mutua, distribución equitativa de beneficios y responsabilidad compartida" El punto de partida es la recuperación del conocimiento de hombres y mujeres sobre el uso y manejo de sus recursos naturales, sustentado en procesos autogestionarios interinstitucionales e interdisciplinarios.

En este entorno, lo prioritario es que las comunidades aprendan a formular sus propias  demandas de desarrollo mediante procesos participativos, identificando claramente los  beneficios sociales, los recursos disponibles y las condiciones que se ofrecen o proponen para lograrlo.

Se propone un modelo de intervención con las siguientes etapas:

   Encuentro comunidad-instituciones

   La comunidad se apropia de sus problemas

   Formulación de propuestas productivas

   Ejecución de propuestas productivas

   Sistematización y evaluación del proceso

   La comunidad gestiona la sostenibilidad del proceso

   Multiplicación de la experiencia

La propuesta tiene las siguientes características:

   Es dinámica, de acuerdo a las condiciones objetivas que se presenten en la interacción de los diferentes actores (comunidades, autoridades municipales, organizaciones locales, instituciones).

   Hace necesario el acompañamiento de profesionales y técnicos de diferentes disciplinas,  sensibles al cambio, con calificación y experiencia en el campo social, quienes mantienen una dinámica de trabajo creativa.

   La planificación de actividades se realiza con participación de todas las partes involucradas, asegurándose la adopción de compromisos, el seguimiento compartido con responsabilidades concretas y ejercitando una práctica de toma de decisiones en forma amplia y oportuna.

   Capacitación a los cuadros locales para cumplir el papel de facilitadores, promotores, enlaces permanentes entre comunidades, municipalidades, instituciones.  

   Hombres y mujeres en las comunidades tienen igualdad de oportunidades. El enfoque de género y su aplicabilidad concreta es una constante que se va aclarando progresivamente.  
   Las organizaciones de base participan activamente en los procesos, en la toma de decisiones, desde la conceptualización de los programas y proyectos hasta la formulación de políticas sociales a nivel gubernamental.

   Se realizan investigaciones, sondeos socioeconómicos, diagnósticos participativos, como medios de valoración y verificación de los cambios que se van produciendo en el proceso.

   Se incorporan las municipalidades como actores clave del proceso como factor de sostenibilidad de las acciones emprendidas y garantes del cumplimiento de acuerdos, convenios y decisiones.

La experiencia de Lepaterique ha demostrado que los procesos de desarrollo  promovidos a través de una amplia consulta comunitaria (asamblea de vecinos) y  programas de capacitación continua, no solo estimulan  el rescate del poder local sino que garantizan la sostenibilidad de las acciones a largo plazo.

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  CONCESIONES FORESTALES  Y PARTICIPACIÓN COMUNITARIA
EN LA RESERVA DE LA BIÓSFERA MAYA, PETÉN

Juventino Gálvez R.
Fernando Carrera G.

Una de las formas más prometedoras de co-administración, para promover y consolidar la participación activa de las comunidades rurales y compatibilizar el desarrollo socioeconómico con la conservación del medio ambiente, es el mecanismo de concesiones forestales para el manejo integrado de recursos naturales, que CONAP ha impulsado en la Zona de Uso Múltiple (ZUM) de la Reserva de la Biósfera Maya (RBM), en Petén, Guatemala.,

A la fecha (enero del año 2000) se han otorgado siete concesiones comunitarias (246,667 ha) y otras tres han sido adjudicadas (108,673 ha), encontrándose el proceso, en la etapa final de firma del contrato respectivo. En total se espera que al año 2,000, 355 mil hectáreas estén manejadas bajo la co-administración con grupos comunitarios.

El mecanismo de co-administración implementado por CONAP y hecho explícito en la "Política Nacional y Estrategia de Desarrollo del SIGAP", gira alrededor de la participación complementaria de al menos dos partes (El concesionario y el Estado, representado por CONAP), tras un objetivo común que beneficia a ambos, y en este caso, a la sociedad en su conjunto.

Sobre los resultados alcanzados el autor mencione:

Freno al avance de la frontera agrícola. Se debe en gran medida al cumplimiento de lo establecido en los planes de manejo, pero sobretodo, al enriquecimiento de los sistemas tradicionales de producción, fundamentalmente agrícolas, con actividades forestales maderables y no maderables.

Control de inmigraciones. Las comunidades concesionarias, basadas en sus estatutos internos y en las cláusulas contractuales con CONAP, mantienen medidas de control que limitan el ingreso de nuevas familias.

Mayores fuentes de empleo. Las actividades ligadas al manejo forestal han generado una mayor ocupación de mano de obra disponible en las comunidades permitiendo diversificación de los ingresos familiares.

Mayores ingresos. Las concesiones comunitarias han fomentado un incremento en los ingresos de los comunitarios en forma individual por el pago al empleo de la mano de obra, por distribución de utilidades.

Desarrollo de infraestructura comunitaria. Las utilidades de las comunidades han permitido el financiamiento de obras de beneficio social (infraestructura vial, centros de salud, escuelas, salón comunal, agua potable)

Desarrollo de las capacidades técnicas y administrativas. Existe un mayor conocimiento en la aplicación de técnicas de aprovechamiento forestal de bajo impacto, manejo de productos no maderables, aspectos administrativo-contables, una estructura organizativa fortalecida.

Cambio de mentalidad individual a colectiva. El otorgamiento y funcionamiento de las Unidades de Manejo ha despertado un interés común y propiciado un cambio de mentalidad hacia una mayor identificación por los asuntos comunitarios.

Cambio de actitud y percepción.  Los beneficios tangibles de las comunidades están promoviendo un cambio de actitud y percepción de no ver al bosque como un obstáculo, sino como un proveedor de bienes y servicios.

Reconocimiento internacional al buen manejo "Sello Verde".  El manejo realizado en las concesiones ha sido reconocido internacionalmente como una fuente "bien manejada de productos maderables cuyas prácticas de manejo forestal se adhieren a los estrictos estándares forestales, ambientales y socioeconómicos, en concordancia con los principios y criterios del Consejo Mundial de Manejo Forestal"

Limitaciones

Algunos vacíos de información. Falta conocimiento sobre la ecología y manejo de los productos forestales no maderables, dinámica del bosque, aspectos de mercadeo y comercialización tendientes a diversificar la producción, entre otros.

Pocas especies maderables con alto valor comercial. La demanda del mercado se ha centrado casi exclusivamente en Cedro (Cedrela odorata) y Caoba (Swietenia macrophylla). Las especies valiosas poco conocidas (llamadas secundarias), que son las que tienen mayor abundancia en el bosque, mantienen un precio muy bajo y mercado muy restringido.

Falta de efectiva organización consorcial.  Se requiere trascender el nivel de organización de la unidad de manejo, hacia el nivel de consorcios, sobre todo para servicios técnicos forestales, mercadeo, inversión en infraestructura productiva.

Conflicto de intereses. Existen grupos de presión que afectan la buena marcha del proceso de concesiones. Otro grupo que ha manifestado inconformidad con el otorgamiento de concesiones son los conservacionistas de visión extremista que reclaman la intangibilidad de las áreas protegidas.

La participación

   Los indicadores mencionados en la ponencia y formalmente evaluados parecen indicar que efectivamente la participación de las comunidades ha trascendido un simple involucramiento de ellas como beneficiarias en una política de co-administración propuesta e impulsada por CONAP.
   Este proceso es tan frágil, que tanto una perdida de liderazgo por parte del CONAP y un débil monitoreo de su curso, así como una falta de interés por parte de las comunidades, puede significar un retroceso y perdida de credibilidad del mecanismo.

   La mayoría de indicadores citados para hacer referencia al alcance de la participación, muestran que el proceso de manejo forestal a través de concesiones es positivo. Es un proceso bien tecnificado, con una alta proporción de sus unidades de manejo con certificación internacional, políticamente respaldado, jurídicamente sólido, con demanda de los grupos interesados directamente. Sin embargo, la sostenibilidad del proceso dependerá de cuanto logre mejorar la calidad de vida de los concesionarios y del éxito en la administración y sostenibilidad de esas mejoras, por ellos. En este ultimo aspecto las metodologías participativas son claves; pero solamente una apropiada valoración de esas mejoras por los concesionarios será la clave. De lo contrario el proceso puede suspenderse de un momento a otro.

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Actualizada: 25.11.04